Día de Nochebuena, mi cuello rígido y mi alma contraída.
Con miedo al futuro, a las puertas cerradas y a mi corazón abierto.
Abierto con mil heridas, cicatrices de una vida transparente.
Una vida esforzada y comprometida con todos menos conmigo.
Y yo me abandono, aunque no pueda, al viento y al mar.
Necesitando abrazos que nunca llegan.
Superando miedos provocados por experiencias.
Pensando que alguna vez lograré vencerme.
Quitarme esta exigencia, abandonar responsabilidades.
Y tener un compromiso solo conmigo.
Con mi amor recíproco y envolvente, con un efecto
de Boomerang. Amor que vuelve al mismo sitio,
y no se escapa despedido por una fuerza mayor.
Porque la mayor de las fuerzas estará para quedarse,
para amarse de forma inequívoca y limpia.
Sin miedos ni tapujos.
Y sin que sea demasiado tarde, me dé una oportunidad.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados