A veces pienso que no me conozco,

pero la mayoría de la veces,

pienso más que no me conocen

porque me evado.

No me considero tan relevante,

para estar continuamente presente.

Mi ego permanentemente iluminado.

Sino que permanezco escondida,

escuchando.

Como hacen los observadores de pájaros,

o la prudencia Aristoteliana.

La mayor virtud del hombre grande.

Pero eso no significa que yo huya.

Siempre estoy aquí, en el mismo sitio.

Como un bastión permanente al que se agarran,

todos los que huyen de mi barco.

A los que debería cobrar 60 euros.