Intento no volver a ilusionarme con el amor,

olvidarme de esas sensaciones de vértigo exaltado y lleno de energía.

De las ideas de compartir vida y ensaimadas.

Cortar ensoñaciones caprichosas de mi universo infantil,

poblado de peces de colores.

Poblado de ilusiones puras y sensaciones cercanas,

que cada día se van más lejos.

Intento olvidarme de este amor sabiendo que ya no lo tendré fácil,

que ya nada será lo mismo, aunque todos me digan lo contrario.

Aunque tenga una pléyade de abuelas postizas inesperadas,

queriéndome buscar novio, sin entender en mí este vacío.

Centrarme en el amor que pierdo diluye el amor que gano.

Un amor que será puro y eterno, exigente y lleno de sorpresas.

Inocente y verdadero.

Así, como son los niños.