Vuelve la tristeza,
esa compañera hostil,
que me adora como nadie.
La siento en mi vientre,
invade mi pecho.
Y de pronto nada tiene sentido.
No reconozco alegrías pasadas,
ni esperanzas por venir.
Me bloquea la energía,
y me cubre con un manto negro.
La sonrisa aparece para no preocupar.
La vitalidad se apaga,
y la grisura avanza en el corazón.
Me pregunto si vino para quedarse.
Si ha de visitarme siempre con apego.
Por qué no adorará a otros,
y no la sacudiré con mi mala leche.
Pero penetra suave y precisa.
Como ella solo sabe,
hasta inundar mi corazón,
de inmensa melancolía.

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