Cuando te veo me siento fea,
enorme y vulgar,
como una cupletista barata.
Un chico se da la vuelta dos veces
cuando paso.
Ya no sé cual es la realidad.
La que siento o la que percibo.
La del desconocido que me desea.
O la del conocido que me evita.
Imagino que ha de dar igual.
Porque ni la belleza es tan importante.
ni mis sentimientos debieran depender
de los otros.
Esto le sucede a un Mediterráneo extraviado,
desembocando errático, en un
gélido frío polar.
De pronto, tiende a la congelación.
Y así se me queda la sonrisa.

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