Me tiré a la piscina,

tuve esa sensación,

de algo a la vuelta de la esquina.

Frente a la Opera estaba él,

un desconocido plasmado en una foto.

Corazonada seguida por una vez.

Abandonando la razón del que sabe

que casi todo es imposible.

Acortando distancias físicas,

aburrida de las cercanías baldías.

Y desde ese momento nos pegamos como lapas,

sintiéndonos cerca, viviéndonos dentro.

Con esa sensación del que encuentra un igual

que es diferente.

Y decide seguirle porque siente que ha de ser así.

Y no hay más alternativa que soñar con yacer abrazados.

En cualquier lugar del mundo.