Decían que mi útero tenía forma de corazón,

y un día decidí que debía de ser normal.

Porque dos corazones eran demasiado para mi existencia.

Ahora, recién normalizada, siento que no siento uno de ellos.

Siento la pérdida de mi originalidad con la debilidad del normal.

Quitando tabiques, que quizá algo protegiesen.

Porque me siento débil y triste,

cuando debería estar celebrando el nuevo loft que tengo dentro.

Para concebir o para hacer una fiesta llena de serpentinas.

Para eliminar limitaciones que nunca debieron existir.

O hacer patentes otras de mucho más calado.

Porque siento que algo he perdido, cuando debería ser todo ganado.

Y no sé si es la debilidad de la anestesia o la posible esterilidad de lo realizado.

La soledad de quien decide una posible vida,

o la bajada de glóbulos blancos.

La falta de cariño de los que no se ponen en tu lugar.

Y la sensación de que ahora vuelvo a estar aquí,

solita, con mi nuevo útero baldío y reluciente.

Qué cosas.