Ayer te volví a ver; alto, fuerte, negro como tú solo.
Te habías dejado barba, y aparecías todavía más masculino.
Me dieron ganas de saludarte,
pero seguramente no hubieras reconocido a una más de tus conquistas.
Escurridiza y cobarde, me fui por la tangente,
ante tanta hombría a la que sigo desacostumbrada.
Me viste y me juntaste a la pared con tu cuerpo inimaginable.
Cincelado por una naturaleza generosa y exacta.
En su justa medida, sin ser tan excesivo que resulte poco natural.
Tan sexual, que desata las más oscuras fantasías.
Atrapada contra la pared te dije que me resultabas demasiado intenso.
En este mundo tímido y trémulo no pude con esa sobredosis,
de macho en estado puro.
Guapo y chulo. Acostumbrado a atraer una pléyade de féminas tras los conciertos.
Te imaginaba de mano en mano, de flor en flor,
con ese cuerpo que debería ser Patrimonio Universal.
Porque eres cubano, negro y saxofonista.
Y guapo a rabiar. Y me elegiste a mí un día.
Un día en que corrí a la seguridad de mi cama solitaria.
A soñarte en vez de tenerte.
Porque tienes pinta, de macho peligroso.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados