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La Coctelera

Esperanza

Día de Nochebuena, mi cuello rígido y mi alma contraída.

Con miedo al futuro, a las puertas cerradas y a mi corazón abierto.

Abierto con mil heridas, cicatrices de una vida transparente.

Una vida esforzada y comprometida con todos menos conmigo.

Y yo me abandono, aunque no pueda, al viento y al mar.

Necesitando abrazos que nunca llegan.

Superando miedos provocados por experiencias.

Pensando que alguna vez lograré vencerme.

Quitarme esta exigencia, abandonar responsabilidades.

Y tener un compromiso solo conmigo.

Con mi amor recíproco y envolvente, con un efecto

de Boomerang. Amor que vuelve al mismo sitio,

y no se escapa despedido por una fuerza mayor.

Porque la mayor de las fuerzas estará para quedarse,

para amarse de forma inequívoca y limpia.

Sin miedos ni tapujos.

Y sin que sea demasiado tarde, me dé una oportunidad.

Conocimiento

A veces pienso que no me conozco,

pero la mayoría de la veces,

pienso más que no me conocen

porque me evado.

No me considero tan relevante,

para estar continuamente presente.

Mi ego permanentemente iluminado.

Sino que permanezco escondida,

escuchando.

Como hacen los observadores de pájaros,

o la prudencia Aristoteliana.

La mayor virtud del hombre grande.

Pero eso no significa que yo huya.

Siempre estoy aquí, en el mismo sitio.

Como un bastión permanente al que se agarran,

todos los que huyen de mi barco.

A los que debería cobrar 60 euros.

Mezquindad

Hoy me siento mezquina, egoísta.

Tan alegre por una noticia que, de forma inmediata,

me da ganas de llorar.

Al minuto, me la llevo a mi ombligo

y me hace sentir más sola, más vieja.

Me siento caduca y seca,

adelantada por la derecha.

Es una sensación extraña,

en la que mi vientre se encoge y busca una respuesta.

Sentimientos encontrados de amor y envidia.

De mi inutilidad y cariño desperdiciados.

Pensando en lo que he perdido el tiempo,

dedicándolo a una u otra actividad.

Mientras que la vida pasaba fuera de mi vientre.

Fuera de este vientre que espera,

de forma un tanto desesperada, que suceda un milagro.

Mientras trata de mostrarse sereno.

Hoy me siento bien y mal.

Contenta y celosa.

Tardía y baldía.

Como cuando se llega a los títulos de crédito.

Sola

Siento la soledad, densa e irreversible,

compañera vieja que a veces se muestra guapa.

Pidiendo compañías imposibles, y  exigencias baldías.

condescendiente y embustera conmigo misma.

Y de pronto peso más; las piernas y el estómago.

Me pongo mustia pero no me sé explicar.

Rechazo la compañía que necesito

por un orgullo escondido que ni percibo.

Que piensa que por aceptar lo deseado,

se debilita más y se engaña.

Y empujo hacia fuera queriendo abrazar.

Doy silencios cuando quiero reir a carcajadas.

Y siento que soy un desperdicio cuando me miro al espejo.

Porque me veo guapa

Bálsamo

Nervios todo el día,

intensa actividad laboral.

Subyace una preocupación,

que miro de soslayo,

sin hacer caso ninguno.

La gran decisión se aparece,

buscando mayores dudas.

Apagando la ilusión inicial,

de principios y finales

que me acompaña desde hace años

y la preocupación apaga.

Pero los hechos convierten estos nervios,

en buscada tranquilidad.

Y vuelve en mi la razón y la paz serena,

absorbiendo la sustancia

como si fuera un bálsamo.

Renuncia

Intento no volver a ilusionarme con el amor,

olvidarme de esas sensaciones de vértigo exaltado y lleno de energía.

De las ideas de compartir vida y ensaimadas.

Cortar ensoñaciones caprichosas de mi universo infantil,

poblado de peces de colores.

Poblado de ilusiones puras y sensaciones cercanas,

que cada día se van más lejos.

Intento olvidarme de este amor sabiendo que ya no lo tendré fácil,

que ya nada será lo mismo, aunque todos me digan lo contrario.

Aunque tenga una pléyade de abuelas postizas inesperadas,

queriéndome buscar novio, sin entender en mí este vacío.

Centrarme en el amor que pierdo diluye el amor que gano.

Un amor que será puro y eterno, exigente y lleno de sorpresas.

Inocente y verdadero.

Así, como son los niños.

Volver

Las palabras vuelven cuando fluyo,

cuando me diluyo en la paz de una serenidad momentánea,

solo cuando relajo mente y razonamientos.

Olvidar problemas y ambiciones,

planes de futuro e indignaciones varias.

Aceptar con paciencia lo que viene,

para recuperar la ilusión y la energía.

Llorar de alegría y mirar los árboles.

Disfrutar del sol y observar el vuelo ligero

de los pájaros.

De los pájaros que van a algún lugar

fluyendo, flotando, vagando.

Para volver a volver.

Tristeza

Vuelve la tristeza,

esa compañera hostil,

que me adora como nadie.

La siento en mi vientre,

invade mi pecho.

Y de pronto nada tiene sentido.

No reconozco alegrías pasadas,

ni esperanzas por venir.

Me bloquea la energía,

y me cubre con un manto negro.

La sonrisa aparece para no preocupar.

La vitalidad se apaga,

y la grisura avanza en el corazón.

Me pregunto si vino para quedarse.

Si ha de visitarme siempre con apego.

Por qué no adorará a otros,

y no la sacudiré con mi mala leche.

Pero penetra suave y precisa.

Como ella solo sabe,

hasta inundar mi corazón,

de inmensa melancolía.